Trenes, bares, lo mismo da. Paz Serra

Puede que todos hayáis leído Tokio Blues (Norwegian Wood) y entonces pensaréis que qué coño me he creído. Pero lo cierto es que voy en el tren y de repente suena You’ve got to hide your love away! y entonces, ya no existe el tiempo. O yo no estoy en él, que viene a ser lo mismo.

Voy en el tren y es más un viaje de sentimientos que de negocios. Me van a venir a buscar, y parezco muy dispuesto a echarme a llorar a la mínima de cambio. De lo que pudo haber sido y no fue. De una posibilidad entre un millón.
Es sábado por la mañana, y todo pasó un jueves. Pero en el curro no entienden de “amor de mi vida” como categoría por la que se pueda conceder un día libre.
Voy en el tren en esta tierra sin pueblos, con rocas de granito y escasos animales, repartidos así como a puñados por el campo.

La conocí en un país de eso que llamamos Centroeuropa. Da igual cuál, no me quiero significar. Yo había acabado allí un poco de casualidad, con mi fajo de papeles a cumplimentar en las distintas oficinas y una beca que nunca llega a tiempo. Ella, en cambio, estaba segura de querer estar ahí. Quizá fue eso el magnetismo que me llevó a acercarme a ella en un principio. Vete tú a saber. No estoy seguro de cuánto tiempo es prudencial para decir que la quería. Si es que eso puede ser prudencial en algún tiempo. Que fue el amor de mi vida. De mi vida conocida.

Paz Serra

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