Vidas paralelas. Teseo

La sorpresa fue mayúscula, al ir a recoger mi maleta, había desaparecido. Estaba seguro, segurísimo, de que la deposité en la balda superior de las que existen a la entrada de los coches del tren Talgo. No podía dar crédito a su ausencia. Abismado en la lectura del libro de Miguel Torga, apenas percibí  la llegada a destino. Fui el último viajero en abandonar el vehículo y al hacerlo constaté que la maleta no estaba. Nueva sorpresa, en la balda inferior descansaba otra maleta de colores y estructura idénticos a la mía.. Evidentemente te trataba de una equivocación, alguien había confundido mi equipaje con el suyo-

Con premura cogí la maleta ajena y salí en persecución del viajero causante de mi zozobra. Alcancé y sobrepasé a los más rezagados, llegué acelerado e inquieto hasta el vestíbulo de la estación, inspeccioné las salidas al exterior, la parada de taxis y las inmediaciones callejeras sin conseguir localizar mi ansiada maleta, al tiempo que arrastraba la que no me pertenecía.

Los ferroviarios de servicio no supieron  dar solución a mi problema, por lo que decidí trasládame a mi domicilio para desde allí realizar las gestiones que me permitieran deshacer el entuerto-

Evidentemente aquella maleta era igual que la mía, salvo una pequeña diferencia en las ruedas y sobre todo, el tarjetón, yo lo tenía vacío y la que estaba sobre el sofá  contenía una escueta identificación. La maleta pertenecía, al parecer, a Isabel García. El Escorisl. Madrid. Con estas pistas era misión imposible localizar a la dama responsable del intercambio.

Por el contrario, y ello era la base de mis esperanzas, en el interior de mi equipaje, junto con mis efectos personales, las notas y apuntes recopiladas durante meses sobre el escritor portugués Miguel Torga (es el seudónimo que utilizaba el médico Adolfo Correia da Rocha), estaba también mi agenda de trabajo, en la que figuraba mi dirección, teléfonos y correo electrónico. Más  la esperanza se trucaba en desánimo al considerar que la maleta estaba cerrada y las llaves reposaban en mi bolsillo.

Miraba y remiraba la valija intrusa sin llegar a ninguna determinación. Ignoro los mecanismos mentales  que en un determinado momento me inspiraron la idea de tantear las cerraduras de la maleta y ante su obstinada oposición intenté violarlas con mis llaves. Con gran sorpresa comprobé que cedían a las manipulaciones permitiendo poner a mi vista su contenido. Ello era causa de doble satisfacción, por un lado me abría la posibilidad de averiguar donde localizar a la tal Isabel García y a la recíproca y suponiendo un comportamiento similar, ella podría dar con mis datos personales.

Con sumo cuidado, casi con delicadeza comencé la inspección de la maleta. Su dueña debía de ser una mujer joven vistas las ropas que contenía y sobre todo de las muy sugerentes e inquietantes prendas íntimas. Otra cosa me llamó la atención, una serie de cuadernos de notas, donde con pulcritud envidiable, se recogían referencias y comentarios sobre la vida del poeta portugués Guerra Junqueiro. También había algunos Cd’s sobre literatura lusitana y sobre la localidad de Freixo de Espada à Cinta, junto a todo esto algunos libros, uno de ellos, “Los Simples”, del mencionado autor. Por lo demás, ninguna pista que me permitiera localizar a la despistada Isabel-

Bueno, concluí, está claro que suya es la iniciativa. También era sorprendente que su trabajo o afición fuera tan similar a la mía. Cada uno nos dedicábamos a investigar la obra y biografía de un literato portugués. En Isabel, presentía una persona sensible y en cierto modo culta. Por mis neuronas comenzaba el atisbo de aquello tan manido del alma gemela.

Pasaron unos días de tensa espera. Confiaba en que diera al fin con mi teléfono o mi dirección y se pusiera en contacto conmigo. Entre tanto hice algunas pesquisas por Internet sin resultado alguno.

Anoche, sin embargo, al abrir el correo electrónico, me encontré con un mensaje suscrito por Isabel García. -!Por fin!- exclamé. Al abrirlo pude leer el siguiente texto:

– Estimado señor: al parecer nuestros equipajes se han confundido. Ruego que me disculpe en la parte que me toca. Como es fácil de adivinar, me he visto obligada a reconocer el contenido de su maleta. Le ruego me indique el procedimiento que considere más adecuado para realizar el canje. Suya afectísima, Isabel.

Inmediatamente contesté:

– Estoy a su disposición. La maleta que está en su poder contiene documentación muy importante para mi.

Pasamos simultáneamente al tuteo y al Chat

– ¿Te refieres a la biografía de Miguel Torga?

– ¿Has hurgado en mis papeles?

– No me quedó más remedio, por cierto muy interesante lo que has recopilado.

– Entonces has leído mis apuntes.  ¿Qué más has averiguado?

– Perdona mi curiosidad, solo trataba de conocer tu dirección…

– y te has entrometido en mis asuntos.

– De nuevo te pido disculpas. No oculto que experimenté un cierto placer al indagar entre tus cosas. Para mi era como abrir una puerta a un mundo insospechado, una experiencia nueva de la que en cierto modo estaba justificada, aunque luego sentí algún remordimiento…

– Vamos que me has desnudado sin yo saberlo.

– Me parece que exageras

– Hombre me parece razonable que husmearas entre mis cosas para averiguar mi identidad pero de eso a leer mis papeles…

-Me picó la curiosidad, además te confieso que Torga me interesa mucho-.

-¿Tanto como Guerra Junqueiro?

– ¿Qué me dices?, ¿También tu has fisgado entre mis cosas ?

– No había otro remedio.

– Pues no entiendo tus reproches.

-Yo solo he hojeado tus notas.

– ¿Seguro que nada más?

– Bueno, algún secretillo he descubierto.

– No se si estoy más indignada que avergonzada o las dos cosas a la vez.

-Ahora soy yo quien pide perdón-

– Pues mira, una por otra, yo también me he tropezado con algunas cositas tuyas indiscretas.

– No será para tanto,

– No imaginaba que los hombres fueran tan coquetos. Conozco tus secretos…

– Pues yo conozco los que utilizas para guardar los tuyos…

Durante algunos minutos el Chat quedó mudo, empezaba a temer que se cortara la comunicación, después de algunas dudas me aventuré de nuevo:

– Isabel, ¿sigues ahí?, espero no haberte molestado. Aun tenemos que solucionar lo de las maletas.

Las letras tomaron de nuevo cuerpo en la pantalla.

– ¿Qué me decías?, este trasto se ha colgado unos momentos.

– Que tenemos que recuperar nuestras maletas.

– Y los apuntes sobre Miguel Torga y Guerra Junqueiro. A propósito, ¿eres experto en literatura portuguesa ?

– Le tengo mucha afición, además pienso que es la gran desconocida en España y que es un injusticia que…

-Piensas igual que yo. Por eso me estoy especializando en Junqueiro.

-He disfrutado mucho leyendo “los simples”, creo que gana mucho en portugués.

-A mi me han sorprendido las impresiones de Torga en “El cuarto día de la creación del mundo”, su visión de la España del 39, la critica política…-

-Que le costó el secuestro del libro.

– No lo sabía.

– fue una rabieta de Salazar.

– ¿Sabes una cosa?, me fascina más tu proyecto que el mío.

– Vamos que ya que hemos cruzado las maletas pretendes también cruzar nuestros trabajos.

– Es que todo esto, no es una simple casualidad, ¿no ves unas identidades comunes ?

–  ¿Algo así como vidas paralelas?-

–  Pues si, las maletas, los trabajos. ¿Cómo hacemos para  deshacer el lío del equipje?

-¿En tu casa o en la mía? -aventuré.

– Mejor terreno neutral.

– ¿Y aquello de las vidas paralelas?

– Tu mismo lo dices, por muy largo que discurran, nunca llegan a encontrarse, !Adiós!

Se cerró definitivamente la comunicación. Ahora tengo una maleta llena de efectos femeninos y unos excelentes apuntes sobre la obra de Guerra Junqueiro. Mis proyectos inmediatos  se cifran en una escapada a Freixo de Espada à Cinta, pasando por Sâo Martinho de Anta, cuna de Miguel Torga, por si la fortuna me hiciera coincidir allí con Isabel.

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