Sola en el andén. Nagore Martín

Tras la línea espera Eva la llegada de aquel tren; Su mirada perdida, soñando, evadiéndose en aquellos momentos vividos con él.

Recuerda aquella mañana, que después de meses de intensa pasión, él la abandonó; solo sentía dolor , había dado todo por aquella relación, su trabajo, su familia… apostando por el que creyó el amor de su vida.

Llega el tren, la bella Eva sacude su larga melena negra, alza con fuerza las maletas, donde con resignación lleva todas sus pertenencias; quiere irse lejos, comenzar una nueva vida, lejos del pasado.

Toma su asiento, al lado de la ventanilla para poder observar los cautivadores paisajes de la mancha, mientras con su pequeño Mp3 escucha el concierto para piano de Mozart, se siente triste , melancólica y de repente las lágrimas caen por sus mejillas.

Está a punto de sumirse en un profundo sueño cuando alguien interrumpe sus pensamientos,  una pequeña niña de cabellos rubios con bonitos tirabuzones, Eva sonríe, una dulce sonrisa aparece de nuevo en su rostro, después de tanto sufrimiento no había vuelto a sentir algo por lo que volver a sentirse dichosa.

La pequeña Amelia lleva una muñequita entre sus brazos, su inocencia y dulzura le conmueven, ablandan su apagado corazón; siente por un momento que todo cobra sentido, y se pregunta por qué no seguir adelante?.

Ha sido un gran paso haber tomado ese tren para iniciar una nueva vida.

Durante todo el viaje anota en su cuaderno cientos de proyectos e ilusiones . Su inyección de positividad es inmensa, nunca se había sentido así, con tanta fuerza, con tantas ganas de luchar.

El tren llega a Madrid, para en la estación de Atocha; Eva mira por la ventanilla, asombrada por los grandes edificios, la multitud de gente, nunca había estado en un sitio como aquel, siempre atada a su pequeño pueblo desde que nació.

Recoge sus maletas y se apea en la estación, nota un nudo en el estómago que no la deja respirar, miedo tal vez? Recorre lentamente el andén y al llegar a la puerta de salida de nuevo una lágrima , pero esta vez de felicidad y esperanza , recorre su rostro.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en historias del tren. Guarda el enlace permanente.