Férreo destino. Fabián Ostropolsky Chaves

Durante todo el viaje sentí náuseas, incluso el sonido de las vías acariciando el viejo vagón se manifestó esta vez exasperante. No quería llegar jamás, y el maquiavélico recorrido minimizaba cada vez más el lapso entre las paradas.
Me sentía asfixiado, los trenes son presos del hierro que los guía y de su destino. ¿Podría sentirme más identificado en un día como hoy?
Echo mi cabeza hacia atrás y decido dejarme llevar, dos suspiros acarician mis facciones para situarme nuevamente en el inicio.
Decido ir a otro lado, que la mujer que me espera para dejarme, espere…Valga la redundancia.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en historias del tren. Guarda el enlace permanente.