Ínsula trenetaria. Toñi Ramos

A las seis en punto cada mañana acude con su bipolaridad a la estación de trenes. Es la única sonrisa del día, la que le dura justo hasta el cambio de agujas. Entonces enmudece y se va. Y allí me quedo yo con la sensación de persona corriente y vulgar que solo acierta a ver el aeropuerto de Gando.

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