Micro-cuento de Teseo

No tengo porque creerle, pero reconozco que un poso de duda sembró en mi
ánimo. Tan jovial, tan animoso, tan contagioso en su optimismo. El caso es
que resultó ser mi vecino de asiento en el TALGO de Galicia. Yo abordé el
tren en Zamora y él culminó su viaje en Puebla de Sanabria. Desde el primer
instante su locuacidad me hizo entrar en su mundo de ilusiones. Me contó
apasionado que días atrás había tenido un sueño extraordinario, que este
sueño luego fue confirmado por una pitonisa o adivinadora de futuros leyendo
naipes o posos de café. Según estos pronósticos su futuro, su gran golpe de
suerte le aguardaba en la vieja Puebla de Sanabria. Liquidó sus pertenencias
y su pasado y allí estaba radiante en pos de su benéfico futuro.

Nos despedimos con un apretón de manos y una conjunción de buenos deseos.

Ya a solas, con la cabeza llena de ajenas ilusiones, tropecé, hojeando el
periódico con la sección del horóscopo. Sin resistir la tentación, leía para
mi carta astral: *“La fortuna le aguarda en un mensaje que recibirá en el
transcurso de un viaje. No deje pasar esta oportunidad. Salud bien, amor
normal.”*

Por si acaso, nada más apearme del tren he comprado unos décimos de lotería.

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