El bicho que le picó al tren. Luis Ramos

De pequeños, en el momento en que algún chaval demostraba que era malo y travieso de verdad; bueno, mejor dicho, cuando era más atravesado que un picaporte fuera de servicio, en la calle decían que “era más malo que el bicho que le picó al tren”.
Algunos recuerdan que en aquel patio de vecinos donde se criaron juntos, vivía una familia que había venido de Salamanca, en la que el chaval pequeño, Ramón, era de ese caletre.
No deja de ser curioso que el padre del susodicho fuera oficial empleado en aquella vieja RENFE, que trabajara en el arreglo y mantenimiento de las vías el tren, y que con los años, Ramón, -el gran fichaje-, decidiera ir a hacer aquella mili obligatoria de entonces a las dependencias de esa misma empresa con el objetivo profesional de quedarse a trabajar posteriormente en sus filas.
Al principio parecía, que a Ramón le hubiese picado el gusano de las vías o le hubiera llamado con fervor el mundo de los vagones, el olor de la carbonilla y el traqueteo de los trenes; pero a los cinco meses de su estancia en las “tropas renferas”, se confirmaron los propósitos.
No fue, realmente, el ambiente de las estaciones el que “picó” en los deseos del mozo ya quinto, sino que en una borrachera de campeonato salió al exterior el auténtico Ramón, “el bicho que le picó al tren”, y en los calores de una discusión subida de grados y de decibelios entre varios compañeros de chusco, el “artista” prendió fuego al pequeño bar de la estación, y no tuvo otro remedio que romper filas, dejar las vías y dedicarse a otros menesteres lejanos a la defensa.
Alguien contó después que el tal Ramón había cambiado los trenes por los barcos y que se lo había encontrado en un viaje a las Baleares sirviendo, allá por los años ochenta, en la cubierta de un ferry de ida y vuelta.
Los chavales de su calle, nunca podrán olvidar el día en que Ramón quemó dos o tres alpacas de paja colocadas en las traseras del viejo motocarro del lechero de la vecindad, el señor Fortunato, quien salió corriendo detrás de él gritándole: ¡Ramón, animal, eres más malo que el bicho que le picó al tren!

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