EL MAQUINISTA DEL GENERAL. Teseo

A su regreso tenía que cruzar algunas vías para llegar a su casilla. La gran estación de Atocha albergaba una serie de construcciones heterogéneas desplegadas por todo su ámbito, orladas de carriles, señales y carbonilla. Sobre todo una humareda constante y unos efluvios de vapor cercaban la modesta morada del maquinista. Solo el tenía el privilegio de vivir en los aledaños del depósito de máquinas y lo que era más importante aun, solo el disponía de locomotora propia. Cierto que era excesivamente antigua pero con sus cuidados y atenciones daba un juego perfecto en la vía.
Mantenida constantemente en orden de servicio, bien provista de agua y briquetas de carbón estaba siempre lista para ser utilizada. Podemos decir que esta disposición era la servidumbre obligada por ser el maquinista del General.
Nada más entrar en su vivienda recibió la orden escrita: A las 5,00 horas salida en funciones de explorador con dirección a Zaragoza.
El General, siempre precavido, cuando viajaba por ferrocarril se servía de esta máquina que le precedía explorando posibles imprevistos en su itinerario.

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