AKOGA, LA TRAVIESA. Teseo

“Por todo esto, viajero que me contemplas, tú que me plantaste con tu mano y puedes llamarme hijo, o que me has contemplado tantas veces, mírame bien, pero ….. no me hagas daño.”Rabindranath Tagore.
Y bien que me dolió, sobre todo separarme de mi bosque, de mi selva querida, en la que crecí con ímpetu feraz. Desde Guinea Ecuatorial supe que nos trasladaban a Europa. Surqué caminos de tierra y conocí esa selva azul que llaman mar. Haciendo honor a mi origen soy morena, casi negra, es difícil doblegarme y soy resistente hasta la extenuación. La fortaleza de mi carácter se plegó a mi ensoñación, pretendía convertir en dicha lo que era quebranto. Soñaba con ser puerta palaciega, marco de pintura famosa y sobre todo, violín, la ventura de ser caja resonante de deliciosas sinfonías.
En Soria me trocearon y luego pasé a formar parte de una línea de ferrocarril. Dadas mis características estoy ubicada en el comienzo de un puente metálico. Soporto con firmeza los carriles de acero y disfruto con el paso de los trenes, es especial el expreso, tan veloz, tan rítmico, tan elegante…

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