EL SUEÑO. Teseo

Entre el traqueteo del tren y las proposiciones filosóficas del libro que estaba leyendo me entró un sopor que pronto se convirtió en sueño cerrado, en el que por mimetismo con mi realidad viajera soñaba que viajaba camino de Zamora y que por uno de esos azares de la vida me pasaba de estación. El caso es que ese pensamiento me despertó de repente, en el preciso instante en que el tren se detenía. Por la ventanilla pude ver con desagradable sorpresa que estábamos en Toro. Se había cumplido la premonición onírica y el sueño, como un paréntesis, era el causante de haberme pasado de estación.
Tomé mis cosas precipitadamente y salté con urgencia al andén. En mi cabeza anidaban la preocupación y la angustia causada por aquel entuerto. El convoy reanudó su marcha al tiempo que interpelaba al jefe de estación sobre el horario del siguiente tren para Zamora.
– Es una lástima – me contestó- ese que acaba de partir tiene parada en Zamora.

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