Titulitis. Teseo

Mi mujer es farmacéutica pero trabaja a media jornada en un Mac-Donals a la espera de que le salga algo mejor. Yo, que soy licenciado en matemáticas, estoy de administrativo y de chico para todo con un fabricante de muebles, uno de esos hombres hechos a si mismo, que se inició en el pueblo devastando tablones y terminó fundando una empresa que redime un centenar largo de mileuristas.
Como tenía cosas más importantes que hacer me mandó a Madrid a la firma de un par de contratos comprometidos de antemano.
En el tren distraje la monotonía del viaje leyendo la prensa. Allí me enteré que acababa de fallecer el magnate de Apple, Steve Jobs, el cual había revolucionado el mundo de la informática, al tiempo que se hacía multimillonario, sin pasar por la universidad. Me asombré leyendo las escasas ofertas de trabajo por su carácter discriminatorio: La necesidad de conductores, mozos de almacén, camareros y otras profesiones, estaban siempre acotadas con la leyenda de abstenerse universitarios.
Resultó que el interventor del tren había sido compañero mío de carrera, según me contó, también su mujer tiene un trabajo provisional, taquillera de cine, entre tanto encuentra trabajo como abogado. Yo le expliqué que me había matriculado en filología inglesa para probar suerte en otro frente.
Ya en Madrid, mientras hacía antesala con el primer cliente, su secretaria, guapísima y doctorada en químicas, me contó que su jefe había hecho fortuna con el ladrillo. Ahora se estaba reciclando en hostelería y residencias para ancianos. Al parecer era un hombre que rebasaba por centímetros el analfabetismo, su máximo orgullo era no haber leído jamás un libro.
Estoy deseando llegar a casa para quemar mi título y arrojar a la basura todos los libros.

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