EJERCICIOS DE MEMORIA . Teseo

El paso comedido, los sentidos alerta, en especial la vista que medía y comparaba el paisaje con el que aun permanecía latente en los últimos estantes de su memoria y, sobre todo, el olfato recuperando aquellos aromas remotos ya casi olvidados. Todo era tan familiar y tan ajeno que conforme se acercaba a la estación le parecía recuperar un sueño deshilachado.
Allí estaba nuevamente después de una ausencia de cerca de cuarenta años. Un sobresalto sentimental se tradujo en la humedad instalada en la mirada. Regresaba al lugar donde, un día de primavera, se presentó con toda la vida por delante. Los recuerdos se atropellaban: la salita de espera tapizada de carteles y avisos, la pequeña taquilla cuajada en olores a imprenta y carbonilla, el despacho del Jefe de Estación, pretencioso y humilde, el abigarrado almacén atestado de cajas y paquetes, pero sobre todo, la llegada imperiosa de los trenes, sus rebufos de vapor, su ajetreo nervioso de viajeros y equipajes, la mirada curiosa y descuidada de alguna pasajera, la expectación efímera de aquellos que distraían sus ocios al paso de los trenes.
De vuelta a la estación de sus inicios, esta vez con toda la vida por detrás, comprobó con angustia su abandono, expresión de puertas y ventanas destrozadas, el monte colonizando las vías, basura y desperdicio. Aquello, concluyó, solo era una metáfora de su propio destino.

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