El niño ya despuntaba. Luis Iglesias

Como todos los viernes, nos veíamos en la estación del tren, sobre las 8’30. Esta hora era la que estaba programada para que el tren nos llevara de regreso al pueblo, tras una semana de estudio en Salamanca y poder pasar el fin de semana en casa de los padres y ver a los amigos del pueblo.
Yo, iba cargado con la mochila repleta de libros y apuntes para poder estudiar el fin de semana y una pequeña bolsa de mano, con la ropa para lavar.
Juan que así se llamaba el “colega” del pueblo, solo llevaba una carpeta con apuntes del día, pues él, iba y venía todos los días a salamanca.
Lo curiosos de este viaje, siempre era lo mismo, y lo que me llegó a mosquear sin darme cuenta. Ocurría que el tren hacía 7 paradas, antes de llegar a nuestro pueblo, para que bajaran los pasajeros en sus respectivas localidades.
Juan, desaparecía entre los dos últimos pueblos y cuando bajábamos aparecía él también. Preguntándole donde se metía en el último pueblo, dijo en entraba en los lavabos y así no pagaba en el último trayecto.
No sé cuanto tiempo hizo esta maniobra de ahorrarse un pueblo de pago, pero teniendo en cuenta que viajaba todos los días, durante varios años, a la RENFE este tipo de sujetos no le podía ser rentable.
La paradoja es que pasados los años, este hombre que ya despuntaba de chaval, hoy está jubilado y profesionalmente llegó a ejercer de alto cargo de la Administración del Estado , si ha usado esta picaresca en su vida, debe haberse “FORRADO”
FIN

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