Tren de lejanías (Poema de ida). Inédito. Raúl Vacas. Fotografía Vega Sánchez

Tren de lejanías (Poema de ida)

Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo;
ha viajado durante muchos días
y durante muchas noches.

DÁMASO ALONSO
“Mujer con alcuza”. Hijos de la ira

a Miguel Ruiz Risueño

Esta mañana he visto aquel antiguo tren que ahora circula por la vías muertas. Era un extraño tren de lejanías que partió una mañana del silencio. Frío como un dedal. Raro como una cremallera abierta. Triste como el desván de los abuelos o el humo sucio del otoño.

Un tren tan extremadamente largo que aún, a estas alturas, no ha acabado de pasar. Triste como un adiós, como una procesión, como la luna oculta en algún pozo.

Y en ese tren vi muertos y payasos y señoras con cáncer y princesas azules y miles de soldados con el carmín reciente en las mejillas.

Era un tren tan discreto como una mariposa, tan real como un árbol, tan rápido como el amor y el odio.

Tanto que las lechuzas hembras morían a su paso. Tanto que las señoras enfermaban de odio. Tanto que los borrachos mendigaban sueños. Que los niños pequeños se tapaban los ojos y gritaban muy alto. Que las mujeres rubias y morenas desmadejaban suspiros.

Era un tren con destino a otra boca más ancha, con la rabia empapada de malditos adioses, de cartas sin abrir, de pañuelos mojados.

Tanto que mi silencio derrotó a la impaciencia. Que el ciempiés de las vías subrayó los paisajes. Que dejó un rastro azul, como de caracol enfermo.
Tanto que los ancianos recordaron caricias. Que el humo envenenó a los pájaros. Que tu mirada se perdió en lo hondo.

Tanto que nunca más se habló de él.

Maldito seas entre todas las bestias, maldito seas. Te arrastrarás entre las vías y raíles y comerás acero, piedras, tierra, todos los días, todas las noches de tu vida, hasta caer de sueño, hasta morir de óxido.

Inédito. Raúl Vacas

Vega Sánchez

Fotografía: Vega Sánchez

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