MANUEL DÍAZ LUIS. EN TODAS LAS ESTACIONES. Fotografía Paz Mateos

En todas las estaciones
hay una monja y un viaje,
una salita de espera
donde se cuentan los males
de todos los Hospitales,
un corro de plañideras.
A un lado, pero por fuera,
un banco descolorido,
un vagabundo dormido,
un borracho por los suelos
y mil y mil desconsuelos,
alborozos, risas, llantos,
alegrías, desencantos,
qué más, me cago en la mar:
un niñito impertinente
y una moza gorda ardiente
despidiendo a un militar.
Un joven aventurero,
un aprendiz de torero,
una puta y un gatito
y el príncipe de Estambul
que va vestido de azul
con una gorra y un pito.
En los ojos duele el hierro
gris y negro de la tarde,
duele el amor en los brazos
y el corazón en la carne
dentro del pecho se enciende
como una hoguera la sangre.
Y esperando en el andén
a que salga ya tu tren
aquí estoy sin equipaje.
En todas las estaciones
hay una monja y un viaje.

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