JULIA Y CANELA. Natividad Gómez Bautista

 

JULIA Y CANELA

 

 

Su amor depende de un tren, un tren que les reúne pero que también les separa. Un tren al que Julia espera con ansiedad pero que también ve irse con añoranza. Después, siempre se queda muy quieta en el andén hasta que el último vagón desaparece en la curva. Despacio, con el peso de la soledad a sus espaldas, se dirige a la salida de la estación para encarar su cotidiana existencia hasta que él vuelva en el próximo tren. Pero un día el tren llega y él no baja los tres escalones, porque eran tres lo sabía de memoria, no la saluda con un ligero movimiento de la mano, no se abalanzan el uno sobre el otro reconociéndose en cada beso, en cada palabra no pronunciada, en cada músculo y en cada trozo de piel. Y allí se queda, aturdida mientras ve desaparecer el último vagón en la curva.

 

Canela, su pelo es canela y parece esperar  el mismo tren con idéntica ansiedad. Cada día le ve allí muy quieto en el anden. Al igual que ella, se lanza a una carrera loca cuando el hombre baja y, al igual que ella, hace cabriolas de alegría para recibirle. Pero el desconocido tampoco baja del tren ese día y también canela  se queda aturdido, la mirada fija en la curva.

 

Desde hace meses, Julia vuelve cada día a la estación y recorre el andén con la mirada perdida en la lejanía como si aún creyera que un tren fantasma aparecerá en la curva y que él bajará los escalones como si nada hubiera pasado. Y allí está Canela cada día, siempre en la misma postura, sin apenas moverse, mirando fijamente más allá de la curva, esperando. Hoy se  ha atrevido a acercarse a él y ha alargado la mano para acariciar su pelo  un poco desvaído por la suciedad. Aunque no se mueve, puede notar su calor a través de la piel, sigue acariciándole con cariño hasta que levanta un poco la cabeza y la mira. Es tanta la tristeza que ve en ella y tan parecida a la suya que no puede por menos que conmoverse. Se sienta a su lado, el tiempo parece haberse detenido, de repente, un lejano silbido anuncia un tren. Se acerca sigiloso. Para en el anden. Solo dos hombres bajan de él pero no se acercan sino que se van alejando cada vez más hasta perderse tras la curva. Julia se levanta despacio y se encamina por última vez a la salida de la estación. Por el rabillo del ojo ve a Canela que camina a su lado moviendo de vez en cuando el rabo…

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