ASAMBLEA DE EQUIPAJE (1) . Teseo

El tren surcaba la llanura camino de los Pirineos. En el vagón de equipajes un revoltijo trajinante se movía inquieto al compás del traqueteo del expreso. Una mezcolanza de maletas, cajas, baúles y otros continentes heterogéneos viajaban apiñados en un desorden premeditado.
La rutina hizo por fin que los más expansivos, que suelen ser los baúles iniciaran la conversación. – ¿También vosotros vais a París? Preguntó uno claveteado y cinchado con cinturones de cuero. Como es lógico y natural, su voz era poderosa, profunda, ahuecada o más bien embaulada como corresponde a su condición. La pregunta, lanzada al azar agrio del vagón, con evidencia estaba dirigida a un grupo de maletas apiñadas en un testero. Se miraron inquietas unas a otras y por fin una de cuero y cantoneras metálicas manifestó en un tono prudente que efectivamente ella viajaba a París. Su dueño, aclaró viajaba en el mismo tren en coche cama y ella, haciendo gala no solo de su tarjetón, donde se aclaraban origen, destino y domicilio, también quiso resaltan las numerosas etiquetas de hoteles internacionales por donde había transitado. Puede que por ese trajín o por su digamos avanzada edad algunas huellas en forma de pliegues y rozones, a modo vetustas arrugas orlaban su perfil. Era pues una maleta viajada.
Después de su respuesta quedó en el aire una especie de poso de incertidumbre, lo que obligó a nuestra maleta a aclarar que su dueño era un afamado médico que a causa de su profesión estaba obligado a realizar numerosos desplazamientos por toda Europa. Dada la asiduidad de sus viajes unido a su carácter práctico, en su interior portaba distintas prendas de vestir, algún artilugio médico, varios libros y los útiles elementales de aseso. Sin embargo, en esta ocasión, dijo con cierta cautela, su dueño había introducido también un objeto extraño y novedoso que había sembrado alguna inquietud en la maleta.

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