ASAMBLEA DE EQUIPAJES (4). Teseo

-Uff. Eso tiene muy mala pinta – comentó una valija de muy buen porte que viajaba en la parte superior del testero, junta al ventanuco enrejado del vagón.
– A que te refieres – preguntó un maletín forrado de príncipe de Gales.
– Sencillamente que eso tiene pinta de un desfalco. Yo sirvo desde hace años como valija diplomática. Vez mis cierres, mis candados de seguridad, los precintos y los lacres. Siempre me tratan con una deferencia especial, llevo años haciendo este recorrido y tengo una gran experiencia, no solo por lo que he vivido en mis viajes, sino también por los documentos, secretos, reservados y encriptadas que llevo en mi interior. Puedo aseguraros que por lo que dice el maletín de tonos grises y azulados no está descaminado un delito.
Una caja muy claveteada que viajaba en el fondo del vagón y que según ella misma había manifestado albergaba en su interior bajillas de loza recubiertas de virutas de madera, espetó a la valija:
– Tú eres una señoritinga y te asombras de cualquier cosa. ¿Acaso no está permitido trasportar dinero igual que cualquier otra cosa? Pronto llegaremos a la frontera y allí se verá si estás en lo cierto.
– No creo que pase nada, ya te digo que he realizado este viaje durante años y precisamente en la frontera es donde menos atención nos prestan. Los guardias echan un vistazo al vagón y no se esfuerzan más
– Así que valija diplomática, siempre acarreando papeles oficiales de aquí para allá.
– No creas, en ocasiones contengo también algunos objetos, hoy, sin ir más lejos, llevo también una carta de amor y una pistola.
– Pero yo creía…
– Si, hay veces que los funcionarios se valen de la valija para su correspondencia privada. Hay un legatario que está rendidamente enamorado de la agregada cultural y a diario se cruzan encendidas misivas amorosas… En cuanto a la pistola…

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