ASAMBLEA DE EQUIPAJES (6). Teseo

Aquellas palabras produjeron una conmoción de la que se contagió el propio convoy, dando un brusco cambio de marcha que desequilibró la estabilidad precaria del vagón, removiendo el conjunto de cajas maletas y baúles.
-Ese si que es un verdadero secreto de estado – rió el baúl claveteado.
Un suspiro fue localizado en la maleta azulada, quien se sintió obligada a aclara que su dueña era una muchacha lánguida y hermosa, soñadora de amores, anhelante de requiebros. En su interior contenía una serie efectos personales, entre los que destacaba un bellísimo vestido, que cual cenicienta suspiraba por lucir en fiestas galantes, más ella era de humilde condición y aquellas ropas, que aguardaban una indefinida ocasión, no encontraba ocasión de estrenar.
Era también una romántica, lectora pertinaz de un librito de versos, que guardaba en la maleta junto con un atadillo de cartas de amor, no de un amor tranquilo y reposado, sino de un amor fogoso, incendiario, que ella misma escribía a un supuesto e imaginado enamorado, no se sabe si como remedo de sus inquietudes o como ensayo epistolario.
-¡Ah ¡- dijo la maleta- si mi dueña se cruzara con un amor digno de su alma. ¡Cuanta ternura desperdiciada¡ Y cambiando de tema, por lo que os he oído comentar, hay una increíble coincidencia, ya que Irene, que así se llama, creo entender que está al servicio del funcionario de la embajada que se encargará de vigilar al doctor. ¿Sabes algo más de el?, preguntó dirigiéndose a la valija diplomática

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