ASAMBLEA DE EQUIPAJES (7). Teseo

La valija diplomática dijo que ignoraba todo, o casi todo de aquel funcionario. Por referencias creía conocer que se trataba de un joven capitán de ingenieros, destacado en la Embajada desde hacia varias semanas, al parecer en espera de misiones que exigieran alguna astucia y puede que hasta violencia.
– En una palabra, un espía – apuntó la caja de las pieles.
– No sabría decirte.
El maletín del doctor se creyó obligado a intervenir, ya que las informaciones recibidas de sus colegas habían anidado en el alguna sospecha:
– Últimamente el doctor ha frecuentado ciertas relaciones no habituales. Está más reservado, más metido en si mismo, como si tuviera alguna preocupación importante y por los detalles que habéis expuesto, estoy casi convencido que la gran dama, la de la cabeza de perro en su sombrerera es su suegra y al mismo tiempo la madre de la mujer del ministro… oí una conversación que…
– ¿Cómo puede ser su suegra y la madre de la mujer del ministro? Eso quiere también decir que ella es su cuñada.
-¡Exactamente ¡así lo deduje cuando habló por teléfono, poco antes de iniciar este viaje.
– Demasiadas casualidades. El mundo es un pañuelo.
-Un vagón de equipajes querrás decir.
En aquel instante el tren se detenía en la estación de su destino: París.
– – – – – – –
Se ha dicho muchas veces aquello de por sus obras los conoceréis, aquí puede ser oportuna la variante por sus equipajes los conoceréis. Esta ha sido una charla intrascendente entre objetos, habitualmente inanimados, para distraer el tedio de un largo viaje. Nos han abierto su corazón, es decir, su contenido y sus inquietudes. Al igual que ocurre en el fondo de la esencia humana, cada uno guardamos en nuestro interior ideas, pensamientos, objetos extraños y perturbadores, cuyo misterio no somos capaces de airear ni desvelar.
Termina la historia de los equipajes del tren y, en buena lógica, ahora ha de ser continuada por la de sus dueños, pero esa, aun siendo reiterativo, esa es otra historia.

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